martes, 14 de septiembre de 2010

BICENTENARIO


“ La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la
ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz
de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche. Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella.” Apocalipsis 21:23-26


En México estamos celebrando el bicentenario del inicio del movimiento de independencia, una lucha armada que comenzó en septiembre de 1810 con el levantamiento popular en Dolores, la insurgencia fue liderada en sus inicios por Miguel Hidalgo y apoyada por criollos, mestizos e indígenas que buscaban justicia y que aspiraban a una vida mejor, que buscaban libertad y que vieron en la insurgencia el camino para lograrlo.
Recordamos a personajes como Hidalgo, Allende, Abasolo, Josefa Ortiz de Domínguez, a José Ma. Morelos; que continuó la insurgencia a la muerte de Hidalgo, hacemos memoria de Vicente Guerrero, que resistió la lucha en el estado que hoy lleva su nombre, y quien vería el fin de esta guerra.
Finalmente, luego de una década de enfrentamientos surgió México como nación, al firmarse en 1821 el acta de independencia. El costo de la insurgencia: fue la sangre de miles derramada en el territorio nacional, El logro una nación independiente.
Los mexicanos de siglo XIX tenían una joven nación, soberana, sí, pero que heredaba condiciones de injusticia y pobreza. Los mexicanos seguían aspirando a la libertad de pensamiento, a la justicia y a una mejor existencia.
Con el avance del Siglo, la patria sufrió en innumerables ocasiones luchas internas, políticas e ideológicas, invasiones, intentos de estados monárquicos, guerras.
En este escenario, el país; dio un paso más en la consecución de de ese anhelo primigenio de los mexicanos, el anhelo de libertad, justicia y una vida mejor. Con la Reforma encabezada por Benito Juárez, se consigue la libertad de credo y con esa libertad, Cristo es predicado en el territorio nacional.
Hacia finales del mil novecientos, México vivió una etapa de calma política bajo el gobierno de Porfirio Díaz, sin embargo bajo esa aparente calma, seguían viviendo millones de Mexicanos en condiciones de injusticia, de falta de libertad y de pobreza, es así que surge la figura de Francisco I. Madero, quien buscando cambios políticos enciende a una multitud que no había encontrado la satisfacción de sus anhelos, nuevamente los mexicanos ven en la confrontación armada el camino para conseguirlos. El costo; otra vez fue la de millones de hombres mujeres y niños que perdieron la vida, el logro una nación moderna que buscaba en la democracia su éxito como país.

Al inicio del presente siglo los mexicanos han seguido luchando por la satisfacción de sus anhelos, las luchas del pasado han conseguido logros, sí, pero no absolutos ¿Por qué?

Muchos de nosotros lo sabemos. Sabemos que la satisfacción completa de nuestras aspiraciones no está en la lucha armada, si no en la conquista de Cristo a nuestro corazón.
Como mexicanos creyentes en Jesucristo tenemos una labor de hacer de nuestra patria ese lugar perfecto que anhelaron nuestras antecesores, ¿cómo?

Como ciudadanos ejemplares que se sujetan a las leyes y autoridades, orando por ellas como lo manda el Señor en Romanos 13:11 y 1 Timoteo 2:1-4
Como portadores de buenas noticias, predicando que el único camino para la verdadera libertad y la justicia es Cristo, él es el camino la verdad y la vida.
Y creyendo con todo nuestro corazón como lo establece apocalipsis 21:23-24, que algún día nuestra ciudad no tendrá necesidad de que el sol ni la luna la alumbren porque Jesucristo será su luz y que como nación caminaremos en Cristo y nuestras autoridades le darán la gloria y el honor
Amén.


Lorena Zapata

lunes, 30 de agosto de 2010

RENOVANDO FUERZAS EN DIOS.


"Dios es el que me ciñe de fuerza, Y quien despeja mi camino"
2 Samuel 22:33


Le doy gracias a nuestro Padre porque cada día y a cada instante podemos dirigirnos a Él para darle gracias, para reconocer que nos guarda en Sus manos y que en Él encontramos nuevas fuerzas para seguir y enfrentar los retos diarios. Aprendamos a pedirle fuerzas para seguir su camino.

Sabemos que cada día es un nuevo reto que debemos enfrentar con la guía del Espíritu Santo, aunque en ocasiones se nos olvida, y es por eso que las aflicciones a veces nos definen y cambian nuestra manera de vivir; andamos con la cabeza abajo, con nudos en la espalda, con cara triste, haciendo todo lo contrario a lo que Dios quiere para nuestras vidas. Jesús dijo: En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. (Juan 16:33). Nuestro Señor nos invita a descansar en Él y a recordar que Él, es quien nos fortalece.

Renovando fuerzas.

Hoy te invito a que nos fortalezcamos en el Señor, y en el poder de su fuerza. (Efesios 6:10) que nos acerquemos a Dios y pidamos Su dirección en nuestras vidas, que ya no empecemos los días sin Él.

"Pero tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo; Seré ungido con aceite fresco."

Salmos 92:10

Renovemos fuerzas diariamente en Su presencia, y que Su presencia sea un aceite que refresca nuestras vidas, que sana las heridas que han dejado las batallas, que hidrata nuestra alma y nos permite seguir dando pasos firmes de Su mano.

Rogelio Isaí Soto Ibarra

viernes, 23 de abril de 2010

SEÑOR, TU ME HACES VIVIR CONFIADO


"Jehová es mi pastor; nada me faltará." Salmo 23:1

Doy gracias a nuestro Padre que con su amor nos guía y nos brinda una protección y un cuidado paternal, que como él, nadie nos puede dar. El salmista escribe con una confianza plena y una fe tan sencilla: “Jehová es mi pastor; nada me faltará”. Hoy le damos gracias a nuestro Señor porque en él podemos vivir confiados.

Todos los días están llenos de retos, retos en la casa (Empezando por cual será el menú del día), en la escuela (Con trabajos pendientes y exámenes que nunca quisiéramos que llegaran), en la oficina (Entre tantos papeles y personal). Y entre todo eso algunas veces se nos olvida que para Dios todas las cosas son posibles (Marcos 10:27) y que en Dios se puede vivir confiado, pruebas siempre habrá, pero de la mano de Dios las vamos dejando atrás.
David escribe:
"Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tú vara y tu cayado me infundirán aliento." Salmo 23:4

La vara y el cayado eran instrumentos que usaban los pastores en su cotidiana tarea de cuidar de las ovejas. Estos servían de apoyo, defensa, sostén, protección y confianza. David mismo; habiendo sido pastor, reconoce que el cayado y la vara divinos le llenan de aliento al caminar por la vida colmada de peligros y desafíos.
Hoy más que nunca en medio de un mundo lleno de estrés debemos confiar, Dios fue, es y será el mismo. El quiere confortar nuestra alma e infundirnos nuevas fuerzas. Nuestro Señor Jesús, ha venido para dar buenas nuevas a los pobres; a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos. ¡Este es el tiempo que Dios eligió para darnos salvación!
Lo invito a descansa en nuestro Señor.
"Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas." Josué 1:9


Rogelio Isai Soto Ibarra